jueves, 12 de agosto de 2010

... la más dura abstinencia

Salgan o no versos cuando creo estar en mí, cuando parece que me concentro,
poco importa, nada importa, pues no es mi poesía la que ahora llevo dentro,
es un lento goteo, no una furiosa e incontrolable avalancha de sentimientos,
poco sirve esperar a la inspiración si no se trabaja para estar atento.

Hoy guía mi mano la melancolía, ayer fue un sueño, quizás mañana la alegría,
atascada la palabra en el barro del recuerdo, cuando ella era algo parecido a mía,
cuando yo creía que me conocía, o cuando la perdí y supe que ya jamás volvería,
en verdad no le faltó razón cuando, compasiva, dijo que yo no la entendía.

Pediría perdón si eso al menos liberase mi cabeza del arrepentimiento que la atormenta,
pero no es la culpa, no es la soledad, sencillamente lo siento por no tenerla cerca,
¿tan insultantes fueron mis fallos?, ¿tan egoísta mi firmeza de no merecer tenerla?,
¿y de qué me quejo?, ¿acaso no fui yo quien le dió la idea a ella?

Pero no pretendo convertir un desliz adolescente en la mayor de las tragedias,
solo espero que acabe por fin, que el olvido no me deje como una poesía a medias,
así ruego al azar que la aleje de mi destino, y la transforme en otra burda coincidencia,
para no desearla más a ella, para que no mirarla deje de ser la más dura abstinencia.

... este adictivo papel

Cerca, muy cerca del lugar donde todo queda aun muy lejos,
quizás ahogada, o tan solo abrumada por tanto aire fresco,
donde las nubes son diminutas, y esas largas noches son inmensas,
allí está, allí está ella y los recuerdos que de mí todavía tenga.

Ella fue la mancha de pintura fresca al intentar abrir mi puerta,
la pata coja en la silla donde suelo escribir sentado en mi cuarto,
mi bolígrafo preferido, quedándose seco a mitad del exámen final,
o simplemente esa chica a la que no hay tiempo suficiente para no esperar.

¿Y yo?, bueno, eso es harina de otro jodido costal,
similar al resto puedo suponer, nada nuevo que os pudiera sorprender,
agotado de simular indiferencia, harto de fingir que no me doy cuenta,
¿creerán que me gusta trasnochar para no soñar, o para darle más vueltas?

Se confunden con mi ánimo; no es que mi cara sea seria, tan solo abuso de la paciencia,
controlo los impulsos, mis arrebatos, incluso cuando escribo le pongo frenos a mi mano,
no seré el mismo, ¿pero acaso importa que no me ofrezca similar al que tropezó ayer?,
¿mi nombre?, tan solo otra patética palabra que mancharía este adictivo papel.

miércoles, 11 de agosto de 2010

... conmigo, aunque no me guste

Una calada, la primera antes de la siesta de mis neuronas,
aire, viciado, sin el oxígeno necesario para mi persona,
¿pero qué importa?, el vacío al menos es algo más limpio,
expiro, y veo en las volutas de humo lo único que todavía es mio.

La cama se me resiste, es una puta que exige un precio antes del descanso,
otra calada, y la asfixia me despeja, insistente, consigue abrirme paso,
cierro los ojos, ignorando si la luz sigue encendida, o acaso veo a tientas,
es curioso que solo en la oscuridad sea capaz de coger mis propias riendas.

Me sobresalto, una pesadilla ha puesto fin a mi reposo en suspensión,
¿dormí una hora?, ¿un segundo?, el tiempo en sueños es pura ilusión,
no recuerdo tan siquiera el revés que el subconsciente propinó a mi mente,
y el desvelo ha hecho presencia, pero solo es mi cuerpo el que se resiente.

Naces, como idea, como imagen, pero nunca serás una realidad,
se resisten a llegar las distracciones cuando tengo que esperar,
paciente, si no desespero cada madrugada que apenas estoy despierto,
aunque nunca duermo; será extremo el cansancio, pero no el agotamiento.

Te largaste para no soportar la mediocridad de los días con un hombre,
sin tener en cuenta que vendrías a mi lado otra noche, ¡y cada noche!,
ahora ya lo sabes, en realidad no es para nada necesario que te busque,
porque todavía pierdes a menudo el tiempo conmigo, aunque no me guste.

lunes, 12 de julio de 2010

... para terminar con un "te quiero"

Atraganté la palabra con la tinta empalagosa de mi pluma,
y fue oscuro el esputo; comillas y puntos en caprichosa suspensión,
espuma pegajosa, "celos" y "decepción" sobre ella iban escritas,
palabras acotadas por un grito, salido de la garganta que el dolor irrita.

Algunas lágrimas que jamás terminaron de formarse empañan la transparencia del papel,
salinas, corrosivas; oxidan la sencilla maquinaria que hay bajo mi piel,
ralentizan el engranaje maestro de mi razón, y sus afiladas esquirlas perforan el corazón,
y se para, enrobinado y atascado por carecer del movimiento que provoca la emoción.

Escorias indeseables los motivos por los que un músculo empuja mi chatarra,
refrescado por el aceitoso sudor que supura otro despojo de la raza humana,
arañazos en los brazos por tratar de acercarlos a una espinosa meta,
encontrarla a ella, esfuerzo vano al no tener la fortuna por compañera.

Tenue la luz que penetra en la grieta de la opaca roca hecha de tinieblas,
brillante la presencia de tu ausencia, altanero cuando agacho la cabeza,
extenuado de esperar, de imaginar, de confiar en que el antídoto será el tiempo,
abrumado por estar seguro de no estar loco para terminar con un "te quiero".

jueves, 1 de julio de 2010

... para que el cielo sí exista

Siente el amargo peso de una soledad olvidada muchos años atrás,
cuando se cruzó con ella, y también con esa injusta guerra,
ahora parece poder recordarla, sin las arrugas compartidas de la edad,
será por eso que yo también le veo tan joven como a la mujer a la que añora.

Hombre sencillo, vecino amable, anciano y más sabio que nadie,
consciente de que, tras una vida en compañia, ella tuvo que dejarle,
mirada vidriosa que supura el dolor propio de una muerte tan injusta,
su vejez, y la de ella, eran el mejor reflejo del sentido de otra vida absurda.

Absurda porque ella no está, eternas noches hasta que a él también le llegue el final,
cuando de nuevo se crucen; estuvieron juntos hasta la muerte, y lo estarán más allá,
me dice que no pretende esperar, que la ama, que la necesita; entonces empieza a llorar,
rudas lágrimas resbalando sobre su curtida piel, una imágen prodigiosa, que a mí me hace temblar.

Días más tarde él también se fue, y mi preocupación llegó mucho más lejos,
pues si hay un Dios, si alguién desde aquí realmente puede escuchar mi rezo,
reniego de su credo, a menos que les conceda una última y auténtica salida,
para que ellos sí se vuelvan a encontrar, para que el cielo sí exista.

Descansen en paz; juntos, sea cuál sea el lugar.
 
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