Salgan o no versos cuando creo estar en mí, cuando parece que me concentro,
poco importa, nada importa, pues no es mi poesía la que ahora llevo dentro,
es un lento goteo, no una furiosa e incontrolable avalancha de sentimientos,
poco sirve esperar a la inspiración si no se trabaja para estar atento.
Hoy guía mi mano la melancolía, ayer fue un sueño, quizás mañana la alegría,
atascada la palabra en el barro del recuerdo, cuando ella era algo parecido a mía,
cuando yo creía que me conocía, o cuando la perdí y supe que ya jamás volvería,
en verdad no le faltó razón cuando, compasiva, dijo que yo no la entendía.
Pediría perdón si eso al menos liberase mi cabeza del arrepentimiento que la atormenta,
pero no es la culpa, no es la soledad, sencillamente lo siento por no tenerla cerca,
¿tan insultantes fueron mis fallos?, ¿tan egoísta mi firmeza de no merecer tenerla?,
¿y de qué me quejo?, ¿acaso no fui yo quien le dió la idea a ella?
Pero no pretendo convertir un desliz adolescente en la mayor de las tragedias,
solo espero que acabe por fin, que el olvido no me deje como una poesía a medias,
así ruego al azar que la aleje de mi destino, y la transforme en otra burda coincidencia,
para no desearla más a ella, para que no mirarla deje de ser la más dura abstinencia.

