sábado, 30 de octubre de 2010

... estos huérfanos, que son mis versos, sin ti

Esta noche, no por ser diferente a otra ni porque me apetezca, me daré licencia para acordarme de ti,
aunque ya no te eche de menos, pero ahora puedo, mirar atrás es indoloro, inofensivo es el recuerdo,
sin penas que queden por limarse, pero tú ya lo decías, todas esas cosas es difícil que puedan olvidarse,
y aquí me tienes, sabiendo que tú esto no lo sabes, que no lo leerás, sea de lo que sea que te hable.

Para ser sincero te diré que aun no he amado como a ti te amé, eso creo que es lo único que sé,
porque fuiste la primera que me dijo lo mismo, o porque tal vez confundí tu aparición con la del destino,
tú con una larga falda, tú y tus hirientes palabras; tú, solo tú, que ni muerto habría dejado que te marcharas,
pero te fuiste, y lo acepté como un hombre: maldiciendo a mi suerte, quebrando mi alma; gritando tu nombre.

Y esperé a que el dolor pasara, como un ruidoso tren que te hace apretar los dientes fuerte cuando pasa,
 fui paciente conmigo mismo, con mi sinrazón, y con el insomnio que vivió conmigo sin pagar la habitación,
dejé mi vida en pausa, mis proyectos a medias, y decidí ser otra persona, con otros sueños; la misma mierda,
miraba por la ventana y te veía, a solo tres paradas de metro, a solo un corazón roto de distancia.

Ahora, sentado, como regularmente hago para charlar con mi querido confesor de celulosa,
le cuento lo que se evapora en mi cabeza, aunque siempre se resista a salir, y acabo hablándole de ti,
me aconseja que eche por los ojos lo que no suelto por la lengua, pero con esas lágrimas hice yo una tregua,
las resguardo del frío, dentro de los párpados; ellas me prometen no ser tan amargas si algún día me las trago.

Se ha secado la tinta de aquella pluma con la que una vez traté de escribirte un poema,
se ha secado porque no he vuelto a intentarlo, porque aquél fragmento jamás me dio tiempo a recitarlo,
tal vez estaba escrito que debía encontrarte, para amarte, desearte, solo para después tener que resignarme,
pero está bien así, y esta vez te mando un beso; punto y final de estos huérfanos, que son mis versos, sin ti.

domingo, 3 de octubre de 2010

... por si mañana de ti me olvido

Todo va tan asombrosamente bien, que tengo miedo a que pueda no ser cierto,
a que no sea más que un sueño, tan imposible como que sí pueda existir algo eterno,
tantos brazos abiertos, tantas sonrisas; tanto sudor en cada orgasmo,
y sin embargo ya me veis, aun así me quejo por no saber si creo en lo que debo.

Aulas que hacen hueco a mis aspiraciones, profesores que nacen de sus profesores,
y la pregunta se esclarece, se vuelve atractiva entre esas cuatro paredes,
rostros con valor emergen de entre la gente, ya no son anónimos si me giro para verles,
y entre aquellos salen unos, y luego estos, los que serán importantes sin ser perfectos.

Y me arrepiento, por no haber venido aquí hace, más o menos, una tragedia de tiempo,
evitando que ocurra mi pasado, retomando una ilusión que desembocaría en pesadilla,
para escapar antes de que sea hoy, para haber creado un futuro donde pudo estar ayer,
porque mañana fue muy tarde, aunque más vale eso si aquí se olvida lo imborrable.

Así que te remito mi actual estado de ánimo, la dirección de mi presente,
te escribo porque ahora soy feliz, ya que dejé atrás tu ruinoso camino,
no te echaré de menos, me lo he prometido, no creas que me resultará difícil,
así que por última vez te lo dedico, pasado, por si mañana de ti me olvido.

domingo, 19 de septiembre de 2010

... lo que por naturaleza no se tiene, Salamanca no lo da

Mis frutos se retrasan, o quizás olvidé sembrar; voy siempre despistado,
como siempre fui y seré, esperando encontrar algo sin haberlo planeado,
sin estar tan lejos como indica mi mapa, copia pirata de un diminuto atlas,
pues no he dejado atrás la piel, ni las noches en larga tertulia con la almohada.

Sin el coraje necesario para no inmutarme, para no sentirme tan culpable,
deseando que mi carga no les martirice, que no les defraude y les asfixie,
¡bien sabrán las hojas del cuaderno que este no es otro falso intento!,
y si traigo mala sombra que su dios ampare a estas dos catedrales,
¡pues vengo para quedarme!

Si no fuera por mi, maldito embaucador, todo sería la mar de sencillo,
mucho más simple, algo más tranquilo y ante todo más intuitivo,
pues soy la "x" sin despejar, el trozo de corcho que tu vino amarga,
y me tiras cual botella, sin sentirlo; pero así lo siento yo cuando tú te marchas.

Espero que en esta ocasión con el esfuerzo sea más que suficiente,
pues carezco de la suerte otorgada al encontrar aquella puta rana,
ni tampoco estoy iluminado con la trágica bendición de la verdad,
y es que ya sabeis lo que se dice: lo que por naturaleza no se tiene,
Salamanca no lo da.

miércoles, 25 de agosto de 2010

... por haber inventado el primer beso

Tengo la certeza de que el hombre descubrió la pasión antes que el fuego,
antes de tan siquiera imaginar a Dios; puede que incluso el lenguaje apareciese luego,
creo firmemente que la inspiración nació al contemplar la belleza de sus semejantes,
sé que mis ancestros soñaron por primera vez con el rostro de una mujer, sueños delirantes.

Imagino a un individuo empezando a ser consciente de sí mismo, buscándose un sentido,
en los albores de la especie, tan intrigado con lo que le rodea, tan ingenuo, tan perdido,
pensando en ella, dándose cuenta por primera vez de hasta que punto siente que la desea,
y aunque todavía no existen las palabras ya se sabe lo que pueden decir las incautas miradas.

Esa misma noche su prematura mente le insinúa los rasgos de su cara entre las estrellas,
tiembla sin oler peligro, suda sin tener calor, sin estar cansado, pero sus piernas no le sujetan,
pasa la madrugada en vela, y saluda al Sol con ojos húmedos, las primeras lágrimas de impotencia,
pronto vuelve a verla, no aguanta más, se acerca; pero no la toca, no sea que algo tan bello desaparezca.

Ella no entiende sus intenciones; tan solo está ahí plantado, tan solo la observa boquiabierto,
pero hay algo en sus ojos, algo nuevo, algo que llamarán amor pasados cientos de milenios,
al fin él coge su mano, ¿por qué la mano?, y acerca sus dedos para acariciarle el cuello,
ella lo imita, intrigada al ver que es solo un hombre, pero un hombre de mirada y pupilas infinitas.

Tan próximos que nota su aliento, haciéndole cosquillas al pasar caliente entre su barba,
inconscientes de estar a punto de forjar el gesto que será universal para todas nuestras razas,
impacientes por comprobar si a través de sus bocas le harán un nudo al alma,
pioneros por hacer de aquello eterno; leyendas, por haber inventado el primer beso.

jueves, 12 de agosto de 2010

... la más dura abstinencia

Salgan o no versos cuando creo estar en mí, cuando parece que me concentro,
poco importa, nada importa, pues no es mi poesía la que ahora llevo dentro,
es un lento goteo, no una furiosa e incontrolable avalancha de sentimientos,
poco sirve esperar a la inspiración si no se trabaja para estar atento.

Hoy guía mi mano la melancolía, ayer fue un sueño, quizás mañana la alegría,
atascada la palabra en el barro del recuerdo, cuando ella era algo parecido a mía,
cuando yo creía que me conocía, o cuando la perdí y supe que ya jamás volvería,
en verdad no le faltó razón cuando, compasiva, dijo que yo no la entendía.

Pediría perdón si eso al menos liberase mi cabeza del arrepentimiento que la atormenta,
pero no es la culpa, no es la soledad, sencillamente lo siento por no tenerla cerca,
¿tan insultantes fueron mis fallos?, ¿tan egoísta mi firmeza de no merecer tenerla?,
¿y de qué me quejo?, ¿acaso no fui yo quien le dió la idea a ella?

Pero no pretendo convertir un desliz adolescente en la mayor de las tragedias,
solo espero que acabe por fin, que el olvido no me deje como una poesía a medias,
así ruego al azar que la aleje de mi destino, y la transforme en otra burda coincidencia,
para no desearla más a ella, para que no mirarla deje de ser la más dura abstinencia.
 
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