sábado, 14 de enero de 2012

... palabra que aún no existe

Ahora que me faltas caigo en la cuenta de cuánto te necesito,
ahora que te vuelves imprescindible para acabar estos versos,
y es que no comprendes cómo me duele que estés tan lejos,
que no te me aparezcas de repente, que no estés en lo que llevo escrito.

Hay veces en que imagino tu sonido, veces en que creo que ya te había oído,
pero son vagas ilusiones en raros momentos de inspiración,
cuando la tinta tiene vida propia para elegir ser o no una canción,
y pienso en cuánto tiempo queda para topar contigo en un descuido.

Siento de veras que mi impaciencia te haga parecer tan desalmada,
no, si la culpa es mia, pues siempre precipito mi atención,
al decir que necesito que tú estés; de verdad, qué prisas tan malas.

Así que prometo relajarme, enserio, no es nigún chiste,
y desearte como hasta ahora, como hasta siempre, ¿por qué no?,
a tí, que de elegante etimología te vistes, a tí, dulce palabra que aún no existe.

jueves, 27 de octubre de 2011

Amargo

¿Cuánto me queda para ser poeta?,
para que me hable la lluvia en acertijos,
y acaricie una palabra mia la verdad,
¿cómo hacer de la vida un llanto?, 
un llanto y un rimar.

Toca el agua la canción de los que sufren,
llora, llora por no oírlos más gritar,
que tienen miedo de aquél futuro,
el futuro que los ha olvidado ya.

Y se ríen tantos, a dos carrillos, hasta vomitar,
hartos, como estoy yo de ellos mismos,
muerto como está el huerto de su pobre honestidad,
y frío, como ese corazón que no les late más.

Miéntele a quien pregunte hoy por mí,
dile que no hablo, pues escribo, ya por fin,
cuéntale cómo suena ese verso tan amargo,
amargo, como el veneno que destila el porvenir.

sábado, 2 de julio de 2011

...otro orgasmo más de tinta

Tú me hablabas de silencio, yo imaginaba una página en blanco,
silencio, silencio que no termina hasta que yo escribía algo,
cuando el zumbido de una mosca hace algo de provecho,
posándose en mi oído, susurrándome su mayor secreto.

Días en que sobra con medio Sol para hacer un día entero,
en el que me pierdo, cuando parece tiritar hasta el mechero,
tardes en las que dar unas caladas ya no quita el aburrimiento,
cuando una cerveza acompaña, como lo hace la pulga al perro.

Entonces te me apareces, y yo hago como que no te recuerdo,
como si no existieras debajo de esa falda que hoy te has puesto,
esa que fue telón para el drama de mis manos, tus marionetas,
mentiría si dijera que mi corazón no siente, auque ahora no te vea.

Y cierro esta velada, tan apacible como empezó de tranquila,
tan vacía de sentido como llena está de nicotina,
porque el verso sabe amargo y parece rancia cada rima,
en esta poesía que no quería ser poesía, solo otro orgasmo más de tinta.

domingo, 22 de mayo de 2011

... un mañana que tenga nombre de mujer

Hay veces en que las protestas son más que unas duras palabras,
se visten de esperanza, ondeando unas banderas enormes y blancas,
hay momentos en que los gritos mudos se oyen mejor que los disparos,
hay días en que, sin quererlo, transformamos la mierda en maravillas.

Entonces podemos ver puñados de personas tan pobres como unidas,
tomando el pavimento como una posada, en las noches menos frías,
luchando por cambiar, si no el mundo, sí las formas grotescas que lo dominan,
dejándose el pellejo por todos los que no opinan, por la inmensa mayoría.

Ahora se habla de justicia, pero a sus espaldas, porque está ausente,
esa dama tan atractiva, tan preciosa, que debe ser una mentira,
esa que dicen que está dentro de unas cuantas urnas de cristal,
pero no creo que algo tan enorme se pueda llegar a encarcelar.

Así esperamos impacientes el veredicto del  mismísimo destino,
la solución que nunca llega, el principio del sueño que así se lo merezca,
la aparición de un mesías que no empuñe abusos, hurtos ni falacias,
un mañana que tenga nombre de mujer, pongamos por ejemplo,
DEMOCRACIA.

miércoles, 4 de mayo de 2011

... en tantas y tantas palabras heridas

 Busqué tus huellas entre las pisadas de demasiada gente, baldosas en tertulia con los indigentes,
esa ciudad costera, sin mar con el que confesarse, y ese río seco que no escuchó mis deseos de olvidarte,
y me encerré en la cueva de mi sexto piso, la fortaleza en ruinas que era mi cerebro seco y retorcido,
con sudores fríos, como baños en plena madrugada, y páginas en blanco, allí donde mi tinta terminó ahogada.

Seas tú, o seas ella, ven y dame las muchas palabras que aún me debas,
esas caricias de retórica, esas cosas, que no las quiero más que por su belleza,
acércate otra vez, no tengas malas prisas, que mis ansias bastante ya me precipitan,
y te juro que ya no dudaré; cuando tú digas mi nombre, ya no preguntaré más el por qué.

Mi caligrafía se levantaba, las vocales empeñadas en no dejarse articular en otra triste palabra,
se escondían tras las mayúsculas de un primer verso, negándose a salir si no las escuchaba yo un momento,
tuve que convencerlas de que conmigo serían poesía;  pero a día de hoy, las muy tercas, todavía desconfían.

No culpo a mis innumerables letras por no creer en la fe que profeso yo por ellas,
tantas veces han sido mi única salida, tantas veces las he visto como tiernas y fieles amigas,
que ya no sé si estarán cansadas de repetirse en cada rima, o en tantas y tantas palabras heridas.
 
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