miércoles, 19 de enero de 2011

... solo canciones tristes

-... y me duele porque sí, ¿sabes? Yo te quiero.
- Y yo a ti - ¡No! Tú a mí ya no.

Y es que han sido, y serán, ya noches sin dormir, sin conseguir olvidarme de ti,
que no tengo consuelo, que solo hay pena, porque ya no te tengo,
que seas feliz, que se cumplan tus sueños; ¡pero qué no!, que yo ahora ya no puedo,
¡qué no!, ¡qué no!, que ya no hay ganas de vivir, ni fuerzas para llorar más por ti.

¡Qué me muero!, me pudro,¡qué soy un muerto!; que sí, muerto ya por dentro,
que me levanto solo para hundirme, otra vez en un lamento, y otra vez en un mal sueño,
que el Sol me quema porque me recuerda tus ojos, ¡sí esos!, esos que siguen siendo mis dueños,
que estoy a solas con un fantasma: ese que era yo, dormido, acurrucado, sobre tus pechos.

Ahora lloro, y llora el cielo, y llora la Luna porque añora ella también ver las caricias que te daba,
¡qué estoy ciego!, que todo es oscuro si no te veo, que no me basta con mirarte solo dentro de mis putos recuerdos,
y me pregunta la Luna dónde estás, y no sé si decirle que te has ido para que no le duela ver mi corazón enfermo,
por eso canto todo el tiempo, para entretenerla y que así se despiste; eso sí, ahora solo canto yo, solo canciones tristes.

Para mí, para él, y para ella...
sobre todo para ella.

lunes, 10 de enero de 2011

... momentos, que os robo, de donde quiera que voy

El instante en el que te vi sonreír, o aquella breve mirada,
fijados en mi memoria, plasmados en un papel,
mágica la luz cuando en la emulsión ejerce su poder,
y queda inmutable en negativo, queda donde no será olvidada.

Acariciando el objetivo hasta que la belleza esté bien enfocada,
el brillo de unos ojos, o la textura suave de su piel,
un disparo certero que atrapa todo lo que aquello pueda ser,
ingenio prodigioso que retiene lo que no podría decir con mil palabras.

Mi cámara, testigo de lo que mis ojos admiran, una máquina perfecta,
una caja repleta de maravillas que algún día serán recuerdos,
crónica de una vida cualquiera que, una vez revelada, pasa a ser eterna.

Fotografías sí, sólo eso, imágenes recogidas de ayer y hoy,
documentos sin valor, pero que no requieren una valoración,
fotografías sí, ni más ni menos; momentos, que os robo, de dónde quiera que voy.

sábado, 25 de diciembre de 2010

... para poder dormir

Dormida junto a mis últimas caricias es como ahora te recuerdo,
en las que siento cálida tu felicidad, cuando inunda mis dedos por notarla transpirada,
mientras que las marcas de mis peores pesadillas cicatrizan, finalmente olvidadas,
y el sol de la mañana se atreve a robarme el silencio de tu cuerpo.

Saboreando tu perfume, en mis labios, si me atrevo a despertarte con un beso,
oliendo a vida en el aliento que me regala entonces tu boca,
quedándome contigo, aunque no me veas, si es que estás a solas,
quedándome con cada orgasmo al pasar mi lengua caprichosa por tus pechos.

Llorando sin una sola lágrima en mi rostro de por medio,
deseando verte como eres, verte tuya, verte sonreír,
sin que para la pasión que siento exista algún remedio.

Así se acabaron juntos esos meses en los que solo pude maldecir,
escapar de la catástrofe en la que me sentía triste y como un necio,
y es que tus cuatro sílabas me las canta el sueño para poder dormir.

jueves, 16 de diciembre de 2010

... ese par de ojos marrones.

           Hace ya un año, o tal vez no tanto tiempo; quizás solo un suspiro, un instante; tal vez una pesadilla que comenzó en invierno. Pero un calendario me asegura que han sido trescientos sesenta y cinco días, que la Tierra ha dado otra vuelta alrededor del Sol; que ya soy otros doce meses más viejo. Sí, hace un año que todo se acabó. Es el aniversario de otro desencuentro, del final de otra historia que, si no fue de amor, al menos sí fue la catástrofe quien la dirigió.
            Se fue, creo que en más de una ocasión esto ya os lo conté; cómo me pidió que yo le devolviera la soledad que ella a mí también un día me robó, con la diferencia de que yo ya no la quería. ¡La prefería a ella! Con sus metafóricas caricias que no decían de noche lo que aparentaban ser cuando todavía no amanecía. Se fue, creo recordar que un jueves, como hoy; ¿no lo ves?, las coincidencias todavía nos persiguen, ¿tan fácil creías que tú te desvanecerías?
            Fuiste una cicatriz imborrable, una mancha de tinta oscura en la aparente claridad de mis ideas. Fuiste el plácido sueño  que se tornó en pesadilla, obligándome a despertar sin la suerte de que hubiera otra oportunidad de conocerte en esta vida. Fuiste unos besos, fuiste un rechazo, fuiste un verano al que le crecieron alas, que luego aprovechaste para irte. Me abrasaste donde un día latían al unísono un par de corazones, me quemaste con la serenidad esa que tienen ese par de ojos marrones.    
          


sábado, 30 de octubre de 2010

... estos huérfanos, que son mis versos, sin ti

Esta noche, no por ser diferente a otra ni porque me apetezca, me daré licencia para acordarme de ti,
aunque ya no te eche de menos, pero ahora puedo, mirar atrás es indoloro, inofensivo es el recuerdo,
sin penas que queden por limarse, pero tú ya lo decías, todas esas cosas es difícil que puedan olvidarse,
y aquí me tienes, sabiendo que tú esto no lo sabes, que no lo leerás, sea de lo que sea que te hable.

Para ser sincero te diré que aun no he amado como a ti te amé, eso creo que es lo único que sé,
porque fuiste la primera que me dijo lo mismo, o porque tal vez confundí tu aparición con la del destino,
tú con una larga falda, tú y tus hirientes palabras; tú, solo tú, que ni muerto habría dejado que te marcharas,
pero te fuiste, y lo acepté como un hombre: maldiciendo a mi suerte, quebrando mi alma; gritando tu nombre.

Y esperé a que el dolor pasara, como un ruidoso tren que te hace apretar los dientes fuerte cuando pasa,
 fui paciente conmigo mismo, con mi sinrazón, y con el insomnio que vivió conmigo sin pagar la habitación,
dejé mi vida en pausa, mis proyectos a medias, y decidí ser otra persona, con otros sueños; la misma mierda,
miraba por la ventana y te veía, a solo tres paradas de metro, a solo un corazón roto de distancia.

Ahora, sentado, como regularmente hago para charlar con mi querido confesor de celulosa,
le cuento lo que se evapora en mi cabeza, aunque siempre se resista a salir, y acabo hablándole de ti,
me aconseja que eche por los ojos lo que no suelto por la lengua, pero con esas lágrimas hice yo una tregua,
las resguardo del frío, dentro de los párpados; ellas me prometen no ser tan amargas si algún día me las trago.

Se ha secado la tinta de aquella pluma con la que una vez traté de escribirte un poema,
se ha secado porque no he vuelto a intentarlo, porque aquél fragmento jamás me dio tiempo a recitarlo,
tal vez estaba escrito que debía encontrarte, para amarte, desearte, solo para después tener que resignarme,
pero está bien así, y esta vez te mando un beso; punto y final de estos huérfanos, que son mis versos, sin ti.
 
Creative Commons License
Aullidos de Tinta is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.